Uno siempre llega tarde

Hoy llegué antes a capital y esas cosas no pasan en Buenos Aires. Uno siempre llega tarde. Me acordé de vos porque cuando viajaba al centro era para verte. Hoy llegué temprano y nada se parecía a la ciudad. El ruido del tránsito, de las máquinas, las voces de cemento no ocupaban todo el sonido. Hoy dejaban espacio. Un hueco vacío. Porque hoy llegué temprano a capital y no fue para verte

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Congreso de Tucumán

Fue un mismo día, horario,

línea, vagón.

Hasta quedaron enfrente.

Dos personas que no se importan,

tampoco se quieren. Nunca se vieron.

Tal vez no quieren volver a verse

pero ahora, en éste día,

en ésta tarde, en éste vagón,

no ven a nadie más.

Imitando la muerte..

Sos muy joven para pensar en eso. Me lo decían mucho. Sólo hacía falta pronunciar su nombre para incomodar a las personas. Era divertido estudiar sus comportamientos. Jóvenes, adultos y hasta ancianos. Así que decidí compartir esos pensamientos y sensaciones sobre la muerte con la única persona capaz de valorarlos. Yo. Me repetía que no era posible convivir con la inmensa cantidad de emociones que sentía. Yo misma me creía demasiado sensible para un mundo que no estaba creado para personas como yo, el mundo mío era muy grande para abarcarlo entero en mi alma. No me quedaban lugares para guardar las partes, lo intentaba todos los días pero aún no era una experta en tomar mis afectaciones transformándolas en material que liberase mi espacio para así traer más y más reciclándome constantemente.. Porque eso necesitaba. Lo tenía claro, lo que me faltaba era la fórmula. Mi manera de existir en el lugar que me tocó era poniendo pedazos míos donde vivan eternamente. Quería hacer magia, quería hacer material algo que no lo era, que las personas me conozcan sin verme, que acaricien el dolor como un hijo recién nacido, que se mojen la risa de lágrimas, que vuelvan a creen que vivir es posible, que sobrevivir es estar más muerto que la muerte. Y eso me hacía sentir extrañamente mucho más viva que todo mi alrededor, más viva que la palabra sociedad y que la civilización que me rodeaba, entonces me preguntaba ¿Cuánto puede vivir alguien como yo en un mundo como éste? es una pregunta que le pisa los talones a mi efímera alegría las pocas veces que la encuentro. Será triste para el que lee pero lo cierto es que siempre sentí que la muerte estaba cerca mío, me gusta imaginarla como una mujer joven e inocente, dulce, que me observa al reír pensando que la imito con esa extraña risa triste, creyéndome su espejo. Me gustaría abrazarla, mirarla a los ojos, besarla.. besarme..

Palabras secas

No sé buscar palabras secas. No las encuentro donde suponen estar. No están en los diccionarios, ni en los libros, tampoco en la boca de otro. Sobre todo no están ahí, pero es patético que menos las encuentre en los rincones míos. Escucho cómo se ríen de mi todas las ideas en mi mente. Que no puedo, no puedo, no puedo. Es la frase que me roba el sueño, a la hora de dormir se me aparecen manchas apuntándome con el dedo, con sus caras negras imposibles de identificar. Es el lugar donde lo relevante es el castigo que quita el merecimiento de irme por unas horas al otro lado. El verdadero. Cuando desperté salté de la cama hacia el taller del segundo piso, reconocí la vista del enorme paisaje. Que grande es la ventana y cuánta luz llega a estas horas. Son detalles evidentes de mi falta en el lugar de mama. Es cierto que no voy seguido porque nací del interior de la mujer que usa sus manos para crear otras cosas con colores que no tengo y nunca voy a tener, ni dentro ni fuera. Esta bien que así sea pero sentir que no tengo escapatoria de la creación inmortal a veces me sofoca sin que pueda controlar el querer crear constantemente hechos que vivan la eternidad del mundo, por los siglos de los siglos y con la tilde en la A volviéndose acción. No. Escucho la tonalidad de sus voces con forma de cruces, están siempre tan serias y con ojos de policía. Esperan el momento de interrumpir para creer que le enseñan a todo el que lo rodea. Ellos dicen que la verdad tiene nombre y apellido. La verdad ríe invisible, los árboles se mueven tan anchos que suenan como lluvia. Lo que se asemeja es tan parecido a lo que es que cuesta ver cual es cual y generalmente no importa. Cuando los acrílicos y yo comenzamos a jugar supe que era como lo había sentido. Una retención de líquido en mis manos, como el efecto de la urgente necesidad de hacer pis, pero eran mis dedos que necesitaban la fresca pintura en los poros. Sólo eso calmaba el dolor cuando las palabras me abandonaban así, tan impunes. Como si no fueran aire en mi alma. Como si no supieran ya, que son mi menester para justificar mi existencia. Los lógicos pensarán en la palabra exageración, los que sienten no pensarán nada..

 

Palabras de sangre

Bajan las palabras

como la sangre cada mes.

Piden salir,

quieren ver que el sol existe.

Corro a buscar un lápiz

birome, hoja, cuaderno,

lo que ate estas palabras

que huyen de mi;

Las hago bollos mientras algunas

logran tirarse al piso

como gotas que buscan deshacerse.

Comprendo ahora

que ademas de mi sexo

también mis letras

están llenas de sangre.

Ésta que escribe

A veces me da gracia mi casa, es tan grande y nunca hay nadie. Lo gracioso también, si observo desde fuera, es que cuando decido escribir llega la gente y no es su llegada lo molesto (en éste caso) sino que decidan cortar el pasto en el momento exacto en que comienza la noche. Aún así decidí continuar con el relato porque es de esos que necesitan ser expulsados, como si fueran un dictado y yo una alumna otra vez. No, mejor no. No me gusta esa palabra. Aprendiz. Si, aprendiz me gusta más. Es más real. Bueno sigo: Hoy desperté con la imagen de mi recuerdo en plano supina fumando un cigarrillo en el departamento de una amiga en Acassuso, estaba apoyada en la ventana de la cocina pensando en el tiempo y sus formas inexistentes de pausarlo. Me acuerdo que no entendía que hacia ahí y que también pensé que eso lo pensaba muy seguido últimamente (Si se puede llamar así a los últimos tres años de mi vida) Y digo esto por que me imagino dentro de unos años siendo más grande de lo que soy ahora, creyendo que tres años eran apenas unos segundos, unos pequeños roces de instante tal vez. En fin, me sentía relleno extra de una escena en la que mi presencia no era acorde a los personajes ni a la estética de ellos, ni siquiera a las personalidades e intereses. Me preguntaba como sería volar desde el balcón hasta mi casa y me reía al imaginarme la secuencia, y mi risa crecía en silencio con más fuerza al verme de afuera tan desesperada por algo tan estúpido pero real mientras el humo rellenaba los espacios vacíos dentro de mi cuerpo, salía, entraba, salía, entraba. Era todo tan quieto y triste que me puso triste. Mis pensamientos me dañaban la mente y el cigarrillo el cuerpo. Era tan fácil. ¿Porqué lastimarse siempre es fácil? ¿Porqué las preguntas más sencillas son las más complejas? ¿Porqué no tienen respuesta? Igual ya se que somos complejos así que ya no busco respuestas. Creo que eso me pondría más triste y cuando uno vive triste después es difícil salir de una lágrima, nadie te enseña a barrenar una lágrima porque no existe, la angustia no se sostiene porque no tiene extremos donde agarrarse. Pero yo aprendí a ahogarme sin morirme y la verdad es que la quiero y cuando uno quiere su tristeza y no la rechaza se vuelve indestructible porque ya nada duele más que uno. Quizás todo este delirio tenga un significado porque todo siempre dice algo, eso me repito cada día. Creo que adopté la manera de vivir huyendo para que nadie más que yo pueda escapar de mi, queriendo a medias logrando que la única persona capaz de odiarse sea ésta que escribe. “La consciencia hace de todos unos cobardes” dijo Hamlet. ¿Que veías en el espejo? ¿Cuanta más humanidad hay en tu mirada de papel que hasta tu muerte no muere?