Once cuarenta y cinco de la mañana

Once cuarenta y cinco de la mañana

nariz tapada

ojos hinchados

toz gruesa

garganta roja

cabeza latente

estomago vacío

tu pulserita verde

en mi muñeca

tus restos de saliva

en mi boca

el celeste de tus ojos

mojando mi cama

tus dientes enormes

masticando las preguntas

que nunca respondimos

tus manos buscando las mías

para enredarte el pelo

y yo como siempre

trayendo recuerdos

a mi cama

para no amanecer

sola y enferma

un sábado a las

Once cuarenta y cinco de la mañana

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